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En Busca de lo Inútil: Cuatro Aproximaciones a la Técnica

¿Qué es la técnica? ¿Cuál es su esencia? ¿Dónde reside? ¿Qué representa? Y ¿qué proyecta? Estas son las preguntas que motivan este escrito, desde una mirada contemporánea. Una puesta en discusión entre cuatro pensadores del siglo XX: Oswald Spengler,1 José Ortega y Gasset,2 Friedrich Georg Jünger,3 y Martin Heidegger.4

De partida, entonces, que quede claro qué la técnica no es.

En el inicio de la década de los 30’s, Oswald Spengler dijo: “(…) la técnica no debe comprenderse partiendo de la herramienta. No se trata de la fabricación de cosas (…); no se trata de las armas (…)”. Para él, la técnica no es tampoco ahorro de trabajo, no es de su naturaleza conservar. Además, decía el autor, en contra enfáticamente a la teoría de Charles Darwin, que la técnica no acontece como una evolución. José Ortega y Gasset, ocho años después, ya quizás influenciado por el pesimismo irónico de Spengler, vendría a negar el entendimiento de la técnica como un intento de adaptación del hombre al mundo, y tampoco como un esfuerzo por suprimir sus necesidades. Friedrich Jünger, a finales de los 40’s, diría a su vez, que la técnica no posibilita el ocio posterior, no es un producir, ni un generar riqueza. El tiempo libre y la fortuna no hacen parte de la naturaleza de la técnica, y por lo tanto no pueden ser consecuencias de ella. Martin Heidegger, probablemente el filósofo más influyente de la segunda mitad del siglo XX, diría simplemente, en tono positivo, casi opuesto al de Spengler y Jünger, que la técnica no es meramente un medio para alcanzar algo. En resumen, se podría añadir que la técnica no es la búsqueda de un fin, no es lineal, no mide esfuerzos y no es rentable.

Entendido esto, para la fluidez y claridad de la discusión se propone una metodología inversa. Es decir, a continuación se propone una condensación preliminar de las distintas aseveraciones por parte de los cuatro autores, de modo a, por un lado, poner un fin provisorio a este ensayo para aquellos lectores ya con poco interés, y, por otro, a crear en la proposición –o definición– misma el índice o carta de navegación a seguir para pormenorizar el ser de la técnica, además de incentivar el recorrido –no el fin– de aquellos lectores con alguna curiosidad.

Respaldado en cierta medida por esta hipótesis metodológica, se podría afirmar que la técnica es la táctica racional, personal, móvil e ilimitadamente variable de transformación de la naturaleza, de modo a dominarla y superarla a través del desvelamiento sensible de su verdad, y adecuarla a la superfluidad y artificialidad intrínsecas al proyecto que es el hombre.

No obstante, antes de precisar esta afirmación conjetural, y por lo tanto antes de detenerse en las voces de los autores, aunque sea, en sentido estricto, cosa ajena al medio de este ensayo, parece razonable saber qué es y qué fue la técnica en su etimología, es decir, qué representa y qué representó la palabra técnica. Luego, la etimología de la palabra técnica lleva, en primera instancia, a algo ya bastante conocido y discutido: la palabra griega techne, utilizada en su época para designar tanto técnica cuanto arte, ambas como producciones y habilidades del hombre. No obstante, yendo un poco más allá del término griego, se llega a la raíz protoindoeuropea teks, que significa, a su vez, fabricar con/a partir de una herramienta, y también tejer, componer, inventar, tramar, entrelazar, trabar, y, por qué no, transformar. Si por un lado, esta raíz da origen al difundido término griego techne, por otro, da origen al latín textō, de tal modo que técnica es cognado de texto y tejido, y también textura, y tectónico. La técnica como texto: como trabazón de elementos en un tejido textual.

Pero antes de una aclaración, tal relación presenta un peligro: la vinculación de la técnica al lenguaje, y toda la complejidad que su profundización implica; complejidad similar a la de la propia técnica. No obstante, antes de entrar en el problema del lenguaje, cabe una aseveración: tanto la técnica como el lenguaje parecen hacer parte de la naturaleza del hombre, como actos o deseos primeros: el deseo por transformar –y/o transformarse– y el deseo por comunicar –y/o comunicarse–.

Aprovechando el punto, es posible traer de vuelta al texto las voces de los cuatro pensadores, y con ello proponer una especie de introducción a la expansión de la definición condensada anteriormente. Se dice actos o deseos, porque la técnica y el lenguaje no tratan de necesidades, en sentido estricto. Según Ortega y Gasset, las necesidades responden al vivir y al estar, y para ello, no se hace necesario el transformar la realidad, y paralelamente, ni el comunicar las observaciones y realizaciones humanas. En otras palabras, las necesidades responden a una vida animal, es decir, natural, como observa el mismo autor, la cual el hombre busca superar y negar. Es decir, el hombre busca ser todo, menos un animal. Luego, todo aquello que lo haga sentirse como o lo relacione a un animal, es puesto como algo a ser negado. Sin embargo, el término «necesidades humanas» es utilizado a menudo para designar aquellos deseos, en contraposición al término «necesidades elementales», necesidades de hecho, como percibido más claramente en el texto de Ortega y Gasset.

Con ello, para entender la técnica, parece hacerse obligatorio el detenerse sobre la naturaleza del hombre. Y Oswald Spengler lo hace de manera primorosa. Es el único de los cuatro autores que investiga, a la luz de la técnica, las características fisionómicas de la especie humana. El hombre, para Spengler, es un animal de rapiña. Así como ellos, presenta los dos ojos dirigidos paralelamente hacia adelante. Su función es el observar desde lo lejano, el determinar las cosas en su situación y distancia, el medir las condiciones de ataque. Los ojos de los animales rapaces son lo que permiten la existencia del horizonte, y, sobre todo, son lo que crean una manera de mirar en la cual ya reside la idea de dominio, el dominio sobre el mundo, la presa del hombre. Esto es lo que el autor llama el pensar de los ojos. Así como los animales rapaces, el hombre es un animal individual, enemigo de sus semejantes. Sus deseos responden al individuo, mientras que las necesidades responden a la especie. En las palabras de Spengler: “La técnica humana, y sólo ella, es, empero, independiente de la vida de la especie humana. Es el único caso, en toda la historia de la vida, en que el ser individual escapa a la coacción de la especie”.1

No obstante, como clarifica el mismo Spengler, el hombre presenta también un pensar de las manos, que a distinción de los otros animales rapaces, no es un pensar de la mano natural, sino de la mano artificial unida a la herramienta, y trabada por el pulgar. “Del primero [el pensar de los ojos] –dijo el autor– desenvuélvese desde entonces el pensamiento teorético, contemplativo, intuitivo, la ‘meditación’, la ‘sabiduría’. Del segundo nace el pensamiento práctico, activo, la astucia, la ‘inteligencia’ propiamente dicha. El ojo inquiere la causa y el efecto; la mano trabaja según los principios del medio y del fin. Que algo sea adecuado o inadecuado a un fin –juicio de valor de los activos– no tiene nada que ver con la verdad y la falsedad, que es valoración de los contemplativos. El fin es un hecho; la conexión de causa y efecto es una verdad.”6 De ahí que, siguiendo al autor, la técnica es siempre una dialéctica entre pensamiento y ejecución. Y, por ser el hombre un animal de rapiña, naturalmente dominador y solitario, de deseos innecesarios, el pensar de los ojos es siempre anterior y superior que el pensar de las manos. Con ello, se podría concluir desde esta dialéctica del pensar, procurando interpretar las palabras del autor, en una suerte de metáfora, que las garras pueden fallar en el ataque, pero la táctica es siempre meticulosamente calculada.

El planteamiento de Spengler permitiría el entendimiento de que, estando la técnica vinculada al pensar de los ojos, en detrimento del pensar de las manos, y que él se da bajo una relación de causa y efecto, el ámbito de su esencia sería el de la verdad, lo que antevería la proposición del Heidegger sobre la verdad en la técnica. De la propuesta de Spengler también se clarifica la condición del hombre como dominador del mundo natural, en lo cual, consecutivamente, estaría la verdad a ser dominada. Constatación que haría más directamente Heidegger, con la única diferencia que el verbo ocupado ya no es dominar, sino desocultar, que sugiere una actitud más pasiva y cautelosa por parte del hombre. Ambos autores van directamente a la verdad de lo natural, tal como se presenta delante de los ojos.

Discutidas las implicaciones de la constitución natural de la especie humana, desde la visión de Spengler sobretodo, es posible volver a la definición de técnica propuesta y pormenorizar sus componentes. Fue dicho que la técnica es una táctica, término ocupado por Spengler, para quien la vida es una lucha sin esperanza entre la naturaleza interna del hombre y la naturaleza externa del mundo. En esta lucha reside la técnica, en cuanto modo de supervivir o de bienestar, para ocupar términos de Ortega y Gasset, al contrario de la condición animal, en la cual se da el vivir y el estar.

Es una táctica racional, adjetivo utilizado por Jünger, derivada de la supremacía del intelecto, como observó Spengler. Y la racionalidad es la exacerbación del intelecto. Sin embargo, para Jünger, más que esta exacerbación, la racionalidad es la consecuencia de un estado de escasez. De ahí que se puede vislumbrar dos términos cognados divergentes aunque interrelacionados: razón y ración. El segundo no es tratado objetivamente por el autor, pero está implícito en su construcción y lleva a las mismas conclusiones, además de permitir entrever claramente el problema. La razón llevaría a la ración; y la ración es consecuencia de la razón. En un lugar o época donde la presencia de la ración es visible, el pauperismo es dominante. El perfeccionamiento de la técnica, es decir, su progresiva racionalización es, para el autor, señal del agotamiento de la sustancia y del aumento de la pobreza. Por lo tanto, de acuerdo con el autor, la presencia de la ración –y por lo tanto, de la razón– es señal del predominio de la técnica.

Es una táctica personal. Sobre esto, no hay nada que decir más allá de las aseveraciones ya discutidas de Spengler sobre el hombre como animal rapaz. La técnica es personal, individual y singular.

La técnica es, además de racional y personal, una táctica móvil e ilimitadamente variable. En la medida en que el bienestar, y no el estar, es el deseo fundamental del hombre, parafraseando a Ortega y Gasset, y como el bienestar, así como los deseos, es un concepto mutante, que depende de las circunstancias, “y como la técnica es el repertorio de actos provocados, suscitados por e inspirados en el sistema de esas necesidades, será también una realidad proteiforme, en constante mutación.”7 Gasset ocupa el término mutación, acercándose nuevamente a los planteamientos de Spengler, cuando dice que la técnica no se desarrolla en base a evoluciones, sino a mutaciones. Es decir, para el autor es imposible concebir un hombre sin la mano unida a la herramienta y trabada por el pulgar. Esta es la condición de la mutación. Spengler diría además, que “A la esencia misma de la técnica humana (…) pertenece (…) el que cada invención contenga la posibilidad y necesidad de nuevas invenciones, de que cada deseo cumplido despierte mil otros deseos y cada triunfo logrado sobre la naturaleza estimule a nuevos y mayores éxitos. El alma de este animal rapaz es insaciable, su voluntad no puede nunca satisfacerse; tal es la maldición que pesa sobre este tipo de vida, pero también la grandeza de su destino”.8

Es una táctica de transformación de la naturaleza de modo a dominarla y superarla. Aquí y para los autores, naturaleza es también entendida como mundo o realidad compartida. Como se vio anteriormente, principalmente en la visión de Spengler, la dominación del mundo hace parte de la naturaleza rapaz del hombre. Por otro lado, su superación, como observado por Ortega y Gasset, es la superación de su ser natural, la negación de su ser animal perteneciente a la naturaleza, y la afirmación de la artificialidad del hombre. Para dominarlo y superarlo, el mundo es transformado por la acción humana, lo que sería un modo eufemístico de decir lo que diría Jünger: que el mundo es consumido y destruido por la acción humana, y, por qué no, por su propia existencia.

Sobre esto, Heidegger sostiene, como visto anteriormente, que tal transformación se da por un deseo de desocultar la verdad sensible del mundo, es decir, de desvelar su misterio. Para el autor, el ámbito de este desocultamiento es el ámbito del arte, visto que el arte es “devota (…), obediente al imperar y custodiar de la verdad.”9 En última instancia, se podría decir que tal es el ámbito de la creación humana, en la cual estarían el arte y la técnica. No obstante, Heidegger plantea algo más: que tal desocultamiento, la superación de la verdad, que no sería menos que la revelación –el Apocalipsis–, encierra un peligro, el peligro de entrever el misterio del salvador –términos suyos–, lo cual sería, para el autor, la esencia misma de la técnica. Spengler diría que esta batalla por la técnica es imposible y sin esperanza, pero sin embargo el hombre la lleva hasta el fin.10

Finalmente, la técnica transforma el mundo a fin de adecuarlo a la superfluidad y artificialidad intrínsecas al proyecto que es el hombre. Spengler diría que el alma del hombre es la de un animal rebelde, descontento e insaciable, con lo que jamás se adecua a las circunstancias, sino que trata de adecuarlas a sus deseos. Estos, a su vez, según Ortega y Gasset, no responden a algo objetivamente necesario, sino, por el contrario, a algo objetivamente superfluo. Hace parte de la naturaleza del hombre negar lo objetivamente necesario y sólo con ello, sólo con la técnica, el hombre puede ser hombre, un ser artificial, que no pertenece al lugar ni a la época en que vive. Del deseo mutante por bienestar, de la búsqueda incesante por saber, y del intento por superar su vida animal, Ortega y Gasset sostiene que el hombre no es más que un proyecto; algo que no es, sino que anhela a ser, “(…) porque el hombre –dice el autor– tiene una tarea muy distinta que la del animal, una tarea extranatural, no puede dedicar sus energías como aquel a satisfacer sus necesidades elementales, sino que, desde luego, tiene que ahorrarlas en ese orden para poder vacar con ellas a la improbable faena de realizar su ser en el mundo.”11

La misión de la técnica sería, por lo tanto, “dar franquía al hombre para poder vacar a ser sí mismo”.12 Y con estas palabras se concluye este escrito.

 

  1. Oswald Spengler, El hombre y la técnica, Editorial Ver, Buenos Aires, 1963 (1931).
  2. José Ortega y Gasset, Meditación de la técnica, Revista de Occidente, Madrid, 1968 (1939), 6ª. edição.
  3. Friedrich Georg Jünger, Perfección y fracaso de la técnica, Ed. Sur, Buenos Aires, 1968 (1949).
  4. Martin Heidegger, ‘La pregunta por la técnica’, em Filosofía, ciencia y técnica, Editorial Universitaria, Chile, 2007 (1954), 5ª. Edição.
  5. Oswald Spengler, op. cit., p.12.
  6. Oswald Spengler, op. cit., p.15.
  7. José Ortega y Gasset, op. cit. pp. 33-34.
  8. Oswald Spengler, op. cit., p.24.
  9. Martin Heidegger, op. cit., p. 153.
  10. Oswald Spengler, op. cit., p.16.
  11. José Ortega y Gasset, op. cit. p. 53.
  12. José Ortega y Gasset, op. cit. p. 54.

 

* Artículo desarrollado por el autor en el Programa de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Via Plataforma Arquitectura


 

Em Busca do Inútil: Quatro Aproximações à Técnica

¿O que é a técnica? ¿Qual é sua essência? ¿Onde reside? ¿O que representa? E ¿o que projeta? Estas são as perguntas que motivam este escrito, desde uma mirada contemporânea. Uma posta em discussão entre quatro pensadores do século XX: Oswald Spengler1, José Ortega y Gasset2, Friedrich Georg Jünger3, e Martin Heidegger4.

De partida, então, que fique claro o que a técnica não é.

No início da década de 30, Oswald Spengler disse: “[…] a técnica não deve ser compreendida partindo da ferramenta. Não se trata da fabricação de coisas […]; não se trata das armas […]“. Para ele, a técnica não é tampouco economia de trabalho, não é de sua natureza conservar. Além disso, dizia o autor, contrário enfaticamente à teoria de Charles Darwin, que a técnica não acontece como uma evolução. José Ortega y Gasset, oito anos depois, já talvez influenciado pelo pessimismo irônico de Spengler, viria a negar o entendimento da técnica como um intento de adaptação do homem ao mundo, ou como um esforço por suprimir suas necessidades. Friedrich Jünger, a fins do anos 40, diria a sua vez, que a técnica não possibilita o ócio posterior, não é um produzir, nem gera riqueza. O tempo livre e a fortuna não fazem parte da natureza da técnica, e portanto, não podem ser consequências dela. Martin Heidegger, provavelmente o filósofo mais influente da segunda metade do século XX, diria simplesmente, em tom positivo, quase oposto ao de Spengler e Jünger, que a técnica não é meramente um meio para alcançar algo. Em resumo, se poderia acrescentar que a técnica não é a busca de um fim, não é linear, não mede esforços e não é rentável.

Entendido isso, para a fluidez e claridade da discussão, se propõe um caminho inverso. Ou seja, a seguir se apresentará uma condensação preliminar das distintas asseverações por parte dos quatro autores, de modo a, por um lado, pôr um fim provisório a este ensaio para aqueles leitores já com pouco interesse, e por outro, criar na própria proposição –ou definição– o índice ou carta de navegação a seguir para pormenorizar o ser da técnica, além de incentivar o passeio –não a chegada– daqueles leitores com alguma curiosidade.

Respaldado em certa medida por esta hipótese metodológica, se poderia afirmar que a técnica é a tática racional, pessoal, móvel e ilimitadamente variável de transformação da naturaleza, de modo a dominá-la e superá-la através do desvelamento sensível de sua verdade, e adequá-la à superfluidade e artificialidade intrínsecas ao projeto que é o homem.

Não obstante, antes de precisar essa afirmação conjetural, e portanto, antes de se deter nas vozes dos autores, embora sejam, em sentido estrito, coisa alheia ao meio deste ensaio, parece razoável saber o que é e o que foi a técnica em suas origens, ou seja, o que representa e o que representou a palavra técnica. Logo, a etimologia da palavra técnica leva, em primeira instância, a algo já bastante conhecido e discutido: à palavra gregatechne, utilizada em sua época para designar tanto técnica quanto arte, ambas como produções e habilidades do homem. Não obstante, indo um poco além do termo grego, se chega à raiz protoindoeuropea teks, que significa, por sua vez, fabricar com/a partir de uma ferramenta, e também tecer, compôr, inventar, tramar, entrelaçar, travar, e por que não, transformar. Se por um lado, essa raiz dá origem ao difundido termo grego techne, por outro, da origem ao latino textō, de tal modo que técnica é cognato de texto e tecido, e também textura, e tectônico. A técnica como texto: como travação de elementos num tecido textual.

Mas antes de uma aclaração, tal relação apresenta um perigo: a vinculação da técnica ao linguagem, e toda a complexidade que sua profundização implica; complexidade similar à da própria técnica. Não obstante, antes de entrar no problema da linguagem, cabe uma asseveração: tanto a técnica como a linguagem parecem fazer parte da natureza do homem, como atos ou desejos primeiros: o desejo por transformar –e/ou transformar-se– e o desejo por comunicar –e/ou comunicar-se–.

Aproveitando o ponto, é possível trazer de volta ao texto as vozes dos quatro pensadores, e com isso propor uma espécie de introdução à expansão da definição condensada anteriormente. Diz-se atos ou desejos, porque a técnica e a linguagem não tratam de necessidades, em sentido estrito. Segundo Ortega y Gasset, as necessidades respondem ao viver e ao estar, e para isso, não se faz necessário o transformar a realidade, e paralelamente, nem o comunicar as observações e realizações humanas. Em outras palavras, as necessidades respondem a uma vida animal, ou seja, natural, como observa o mesmo autor, a qual o homem busca superar e negar. Ou seja, o homem busca ser todo, menos um animal. Logo, tudo aquilo que o faça sentir-se como ou o relacione a um animal, é posto como algo a ser negado. No entanto, o termo «necessidades humanas» é utilizado frequentemente para designar aqueles desejos, em contraposição ao termo «necessidades elementais», necessidades de fato, como percebido mais claramente no texto de Ortega y Gasset.

Con isso, para entender la técnica, parece se fazer obrigatório o deter-se sobre a natureza do homem. E Oswald Spengler o faz de maneira primorosa. É o único dos quatro autores que investiga, à luz da técnica, as características fisionômicas da espécie humana. O homem, para Spengler, é um animal de rapina. Assim como eles, apresenta os dois olhos dirigidos a frente e paralelamente. Sua função é o observar desde o longínquo, o determinar as coisas em sua situação e distância, o medir as condições de ataque. Os olhos dos animais rapazes são o que permitem a existência do horizonte, e sobretudo, são o que criam uma maneira de ver na qual já reside a ideia de domínio, o domínio sobre o mundo, a presa do homem. Isso é o que o autor chama o pensar dos olhos. Assim como os animais rapazes, o homem é um animal individual, inimigo de seus semelhantes. Seus desejos respondem ao individuo, enquanto que as necessidades respondem à especie. Nas palavras de Spengler: “A técnica humana, e só ela, é, entretanto, independente da vida da espécie humana. É o único caso, em toda a historia da vida, em que o ser individual escapa à coação da espécie.”.5

Não obstante, como clarifica o mesmo Spengler, o homem apresenta também um pensar das mãos, que em distinção dos outros animais rapazes, não é um pensar da mão natural, senão da mão artificial unida à ferramenta, e travada pelo polegar. “Do primeiro [o pensar dos olhos] –disse Spengler– se desenvolve desde então o pensamento teorético, contemplativo, intuitivo, a ‘meditação’, a ‘sabedoria’. Do segundo nasce o pensamento prático, ativo, a astúcia, a ‘inteligência’ propriamente dita. O olho inquire a causa e o efeito; a mão trabalha segundo os princípios do meio e do fim. Que algo seja adequado ou inadequado a um fim –juízo de valor dos ativos– não tem nada a ver com a verdade e a falsidade, que é valoração dos contemplativos. O fim é um fato; a conexão de causa e efeito é uma verdade.”.6 Daí que, seguindo ao autor, a técnica é sempre uma dialética entre pensamento e execução. E, por ser o homem um animal de rapina, naturalmente dominador e solitário, de desejos desnecessários, o pensar dos olhos é sempre anterior e superior que o pensar das mãos. Com isso, se poderia concluir desde essa dialética do pensar, procurando interpretar as palavras do autor, numa sorte de metáfora, que as garras podem falhar no ataque, porém a tática é sempre meticulosamente calculada.

A proposição de Spengler permitiria o entendimento de que, estando a técnica vinculada ao pensar dos olhos, em detrimento do pensar das mãos, e que ele se dá sob uma relação de causa e efeito, o âmbito de sua essência seria o da verdade, o que anteveria a proposição de Heidegger sobre a verdade na técnica. Da proposta de Spengler também se clarifica a condição do homem como dominador do mundo natural, no qual, consequentemente, estaria a verdade a ser dominada. Constatação que faria mais diretamente Heidegger, com a única diferença que o verbo utilizado já não é dominar, senão desocultar, que sugere uma atitude mais passiva e cautelosa por parte do homem. Ambos autores vão diretamente à verdade do natural, tal como se apresenta diante dos olhos.

Discutidas as implicações da constituição natural da espécie humana, desde a visão de Spengler sobretudo, é possível voltar à definição de técnica proposta ao início e pormenorizar seus componentes. Foi dito que a técnica é uma tática, termo utilizado por Spengler, para quem a vida é uma luta sem esperança entre a natureza interna do homem e a natureza externa do mundo. Nessa luta reside a técnica, em quanto modo de superviver ou de bem-estar, para utilizar termos de Ortega y Gasset, ao contrário da condição animal, na qual se dá o viver e o estar.

É uma tática racional, adjetivo utilizado por Jünger, derivada da supremacia do intelecto, como observou Spengler. E a racionalidade é a exacerbação do intelecto. Entretanto, para Jünger, mais que essa exacerbação, a racionalidade é a consequência de um estado de escassez. Daí que se pode vislumbrar dois termos cognatos divergentes embora interrelacionados: razão e ração. O segundo não é tratado objetivamente pelo autor, mas está implícito em sua construção e leva às mesmas conclusões, além de permitir enxergar claramente o problema. A razão levaria à ração; e a ração é consequência da razão. Num lugar ou época onde a presença da ração é visível, o pauperismo é dominante. O perfeicionamento da técnica, ou seja, sua progressiva racionalização é, para o autor, sinal do esgotamento da substância e do aumento da pobreza. Portanto, de acordo com Jünger, a presença da ração –e portanto, da racionalização– é sinal do predomínio da técnica.

É uma tática pessoal. Sobre isso, não há o que dizer além das asseverações já discutidas de Spengler sobre o homem como animal rapaz. A técnica é personal, individual e singular.

A técnica é, além de racional e personal, uma tática móvel e ilimitadamente variável. Na medida em que o bem-estar, e não o estar, é o desejo fundamental do homem, parafraseando a Ortega y Gasset, e como o bem-estar, assim como os desejos, é um conceito mutante, que depende das circunstâncias, “e como a técnica é o repertório de atos provocados, suscitados por e inspirados no sistema dessas necessidades, será também uma realidade proteiforme, em constante mutação.”.7 Gasset ocupa o termo mutação, se aproximando novamente às proposições de Spengler, quando diz que a técnica não se desenvolve em base a evoluções, senão a mutações. Ou seja, para Spengler, é impossível conceber um homem sem a mão unida à ferramenta e travada pelo polegar. Essa é a condição da mutação. Spengler diria além disso, que “À essência mesma da técnica humana (…) pertence (…) que cada invenção contenha a possibilidade e necessidade de novas invenções, que cada desejo cumprido desperte mil outros desejos e cada triunfo alcançado sobre a natureza estimule novos e maiores êxitos. A alma deste animal rapaz é insaciável, sua vontade não pode nunca se satisfazer; tal é a maldição que pesa sobre este tipo de vida, mas também a grandeza de seu destino.”.8

É uma tática de transformação da natureza de modo a dominá-la e superá-la. Aqui e para os autores, natureza é também entendida como mundo ou realidade compartilhada. Como se viu anteriormente, principalmente na visão de Spengler, a dominação do mundo faz parte da naturaleza rapaz do homem. Por outro lado, sua superação, como observado por Ortega y Gasset, é a superação de seu ser natural, a negação de seu ser animal pertencente à natureza, e a afirmação da artificialidade do homem. Para dominá-lo y superá-lo, o mundo é transformado pela ação humana, o que seria um modo eufemístico de dizer o que diria Jünger: que o mundo é consumido e destruído pela ação humana, e por que não, por sua própria existência.

Sobre isso, Heidegger sustenta, como visto anteriormente, que tal transformação se dá por um desejo de desocultar a verdade sensível do mundo, ou seja, de desvelar seu mistério. Para o autor, o âmbito desse desocultamento é o âmbito da arte, visto que a arte é “devota (…), obediente ao imperar e custodiar da verdade”.9 Em última instância, se poderia dizer que tal é o âmbito da criação humana, na qual estariam arte y técnica. Não obstante, Heidegger propõe algo mais: que tal desocultamento, a superação da verdade, que não seria menos que a revelação –o Apocalipse–, encerra um perigo, o perigo de entrever o mistério do salvador –termos seus–, o qual seria a essência mesma da técnica. Spengler diria que esta batalha pela técnica é impossível e sem esperança, entretanto o homem a leva até o fim.10

Finalmente, a técnica transforma o mundo a fim de adequá-lo à superfluidade e artificialidade intrínsecas ao projeto que é o homem. Spengler diria que a alma do homem é a de um animal rebelde, descontente e insaciável, com o que jamais se adapta às circunstâncias, senão que trata de adequá-las a seus desejos. Estes, por sua vez, segundo Ortega y Gasset, não respondem a algo objetivamente necessário, senão, pelo contrário, a algo objetivamente supérfluo. Faz parte da natureza do homem negar o objetivamente necessário e só com isso, só com a técnica, o homem pode ser homem, um ser artificial, que não pertence ao lugar nem à época em que vive. Do desejo mutante por bem-estar, da busca incessante por saber, e da tentativa por superar sua vida animal, Ortega y Gasset sustenta que o homem não é mais que um projeto; algo que não é, senão que almeja a ser: “(…) porque o homem –diz o autor– tem uma tarefa muito distinta que a do animal, uma tarefa extranatural, não pode dedicar suas energias como aquele a satisfazer suas necessidades elementais, senão que, desde logo, tem que economizá-las nessa ordem para poder vagar com elas à improvável missão de realizar seu ser no mundo.”.11

A missão da técnica seria, portanto, “dar franquia ao homem para poder vagar a ser si mesmo.”.12 E com essas palavras se conclui este escrito.

 

  1. Oswald Spengler, El hombre y la técnica, Editorial Ver, Buenos Aires, 1963 (1931).
  2. José Ortega y Gasset, Meditación de la técnica, Revista de Occidente, Madrid, 1968 (1939), 6ª. edição.
  3. Friedrich Georg Jünger, Perfección y fracaso de la técnica, Ed. Sur, Buenos Aires, 1968 (1949).
  4. Martin Heidegger, ‘La pregunta por la técnica’, em Filosofía, ciencia y técnica, Editorial Universitaria, Chile, 2007 (1954), 5ª. Edição.
  5. Oswald Spengler, op. cit., p.12.
  6. Oswald Spengler, op. cit., p.15.
  7. José Ortega y Gasset, op. cit. pp. 33-34.
  8. Oswald Spengler, op. cit., p.24.
  9. Martin Heidegger, op. cit., p. 153.
  10. Oswald Spengler, op. cit., p.16.
  11. José Ortega y Gasset, op. cit. p. 53.
  12. José Ortega y Gasset, op. cit. p. 54.

 

* Artigo desenvolvido pelo autor no Programa de Doutorado em Arquitetura e Estudos Urbanos da Pontificia Universidad Católica de Chile.

Via ArchDaily Brasil

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